Desde Roger Federer en 2008, cuando ganó cinco veces consecutivas el Grand Slam de Estados Unidos, ningún campeón ha sido capaz de defender su corona al año siguiente. Así pues, han transcurrido casi dos décadas desde entonces, lo que evidencia que, con indiferencia de la época, se trata de una tarea complicadísima. Y eso es lo que tratará de lograr el tenista español, quien este jueves confirmó su presencia tras recuperarse de la lesión que le dejó sin Roland Garros ni Wimbledon.
Alcaraz lo buscará sin apenas ritmo de competición, pues lleva en el dique seco desde que se lesionó en el Conde de Godó. Más de cuatro meses después, el murciano vuelve a la acción con ganas de ampliar su palmarés mientras observa la evolución de su gran rival, Sinner, quien todavía es una incógnita por un problema en la rodilla. En la misma línea, el italiano ya ha asegurado que en ningún caso va a arriesgar dada su corta edad.

Otra estadística tendrá que romper el bueno de Carlos, y es que ningún jugador ha conquistado el US Open sin haber competido previamente en Montreal ni en Cincinnati. Es una cuestión lógica: para alcanzar el éxito, en principio, necesitas rodaje y ritmo. Y ni siquiera hay que brillar en dichos torneos de Masters 1000, basta con al menos llegar con partidos a la espalda, algo que casi se puede aplicar a cualquier deporte.
Aunque no es oficial, todo apunta a que el nacido en El Palmar será pareja de Serena Williams en el dobles mixto, una modalidad que va cogiendo fuerza por lo que supone mezclar a tenistas que de ninguna otra forma podrían aliarse, más allá de exhibiciones puntuales. En esa misma línea, hay que destacar la unión entre Novak Djokovic, que apura sus opciones de volver a lo más alto en lo individual, y Aryna Sabalenka, de capa caída desde hace semanas.
