Centro de datos del Navone-Djokovic
Número 49 de la ATP, Navone se impuso por 7-6/7-5, 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1 a un Djokovic quebrado física y emocionalmente tras cuatro horas y 36 minutos de batalla que concluyó en la medianoche de Nueva York.
Si esta caída aleja considerablemente su soñado título 25 de Grand Slam, para Mariano se trata de una gesta y de un "sueño hecho realidad".
"Es lo mejor que he sentido en una pista. El escenario más grande, es increíble", dijo el flamante triunfador. "La forma en que jugamos cinco sets contra el GOAT (el mejor de todos los tiempos)... Estoy muy feliz", comentó.

El argentino puede presumir de ser el único tenista en batir a Novak en su estreno en Nueva York desde la primera vez que el serbio acudió al torneo en 2005.
El balcánico, en el ocaso de su carrera, tampoco había sucumbido en ninguna ronda inicial de un torneo grande en dos décadas, desde el lejano Abierto de Australia de 2006.
Alentado por la grada de la pista central, N. Djokovic dio la vuelta al marcador después de entregar el primer set, en el que ya tuvo que ser atendido y recibir medicación.
Castigado por la humedad
El ex número uno mundial vomitó en la banda durante la tercera manga, pero no dejó de pelear por resguardar su orgullo y seguir en ruta hacia el récord absoluto de Grand Slams del tenis.
El tenista más exitoso del circuito ATP llevaba tres años esperando una oportunidad como esta, desde que conquistó su título 24 precisamente en Flushing Meadows.
En esta ocasión no tenía delante ni a Jannik Sinner, ausente por lesion, ni a su otra pesadilla, el español Carlos Alcaraz, quien reaparece el lunes tras cuatro meses de baja.
Pero 'Nole' ya había dejado señales de preocupación en su única aparición después de Wimbledon, cuando cayó ante otro argentino, Thiago Tirante, en el Masters 1000 de Cincinnati, también limitado físicamente por la alta temperatura y humedad.
Tras colocarse en ventaja dos sets a uno, el veterano jugador sufrió calambres que facilitaron que M. Navone acelerara hacia la victoria con ocho juegos seguidos, mientras su rival tenía que contener las lágrimas ante la inminente y dolorosa derrota.
