Maradona murió a los 60 años el 25 de noviembre de 2020 de un paro cardiorrespiratorio y un edema pulmonar. Estaba en internación domiciliaria en Tigre, al norte de Buenos Aires, tras una neurocirugía.
"Previo a la muerte de un paciente siempre hay elementos para advertirlo. Uno tuvo que haber tenido una alarma y eso lleva a cambiar la conducta", dijo el cardiólogo Gustavo Di Niro ante el tribunal que juzga al equipo médico de Maradona por la muerte del futbolista argentino.
Di Niro, que participó en una junta médica que analizó la muerte del Diez, sostuvo que los hallazgos de la junta mostraron signos de un daño cardíaco de evolución prolongada y no de un episodio agudo. Además, que el exfutbolista tenía antecedentes que pudieron haber dejado lesiones crónicas en el corazón.
El cardiólogo consideró que Maradona atravesó "un evento subagudo o crónico" y que la acumulación de líquido observada en el cuerpo tampoco era compatible con una muerte súbita, argumento que plantean algunas de las defensas de los acusados.
Di Niro apuntó al equipo médico de Maradona por no advertir los síntomas. "Si uno ve un paciente y supone que puede estar teniendo disfunción de órganos y una eventual falla cardíaca, uno aumenta la complejidad y lo lleva a un medio adecuado para ser tratado, que no es una internación domiciliaria".
Tanto la pertinencia como la atención en esa internación domiciliaria son cuestionadas en el juicio que tiene en el banquillo de acusados al equipo médico del astro al momento de su muerte.
La declaración de Di Niro se produjo dos días después de la de Carlos Cassinelli, otro integrante de la junta médica, quien sostuvo que Maradona presentó signos de alarma como edemas, hipertensión, taquicardia y falta de aire que debieron ser evaluados.
Siete profesionales de la salud son juzgados por homicidio con dolo eventual, una figura que implica que eran conscientes de que sus acciones u omisiones podía ocasionar la muerte del exfutbolista. Aunque con distintas estrategias, todos sostienen su inocencia.
