"El abuso de drogas y el fútbol no son compatibles. O haces esto o haces aquello", dice a la AFP al hablar de su academia Breakthrough Football, fundada hace dos años y que se ha fijado el objetivo desarrollar futuros talentos para clubes extranjeros.
Esta mujer de 27 años se ha convertido en una especie de celebridad local por ser la única entrenadora del país de un equipo compuesto exclusivamente por hombres, desafiando las normas culturales.
Está más que calificada para la parte deportiva de su trabajo, pero su metodología también busca ayudar a las autoridades nigerianas en su lucha contra las drogas, en medio de una mezcla tóxica de abuso de sustancias, criminalidad y violencia política.
Kano, la ciudad más grande del norte de Nigeria, tiene la segunda tasa más alta de consumo de narcóticos del país, según la Agencia Nacional de Control de Drogas.
El fútbol como cura
Un desempleo rampante ha empujado a los jóvenes de esta ciudad de cinco millones de habitantes hacia los estupefacientes y la delincuencia, y se sabe que los políticos se aprovechan de la crisis contratándolos como matones para intimidar a sus oponentes, según investigadores.
Oficialmente, la tasa de desempleo del estado es del 7,6%, por encima del promedio nacional del 5,3%. Pero el número de jóvenes del estado de Kano que no estudian, no trabajan ni reciben capacitación se dispara hasta el 12,5%.
Nigeria carece además de centros de tratamiento y rehabilitación, y las drogas que se contrabandean de camino a Europa están llegando cada vez más al mercado local.

"Jugar al fútbol en sí mismo ayuda a estos jugadores a evitar todo esto", defiende Ghaddar.
Sus sesiones de entrenamiento van acompañadas de atención especial en "la nutrición, el sueño, la hidratación y llevar un buen estilo de vida", asegura la entrenadora desde una cancha de arena en el centro de un hipódromo.
Varias docenas de espectadores observaban al equipo entrenar bajo el calor del sol de la tarde, mientras su DT luce hiyab negro y botines de fútbol azules.
Amor por el fútbol
Nacida en una familia libanesa de propietarios de fábricas en Kano, una localidad que alberga una importante comunidad libanesa, principalmente activa en la construcción, la confitería y el comercio, Hidaa comenzó a jugar a fútbol a los cinco años con su hermano y sus amigos.
El amor por el fútbol se apoderó de ella a los 16, cuando se mudó a Líbano para cursar sus estudios universitarios.
Los sueños de H. Ghaddar de convertirse en una estrella en el campo se vieron truncados por cuatro lesiones consecutivas de rodilla y cinco cirugías, lo que la obligó a abandonar su carrera como jugadora a los 18 años.
Pero regresó a Nigeria para brindar a los jugadoras la oportunidad futbolística que ella no tuvo.
"Viví 16 años aquí en Kano y me sentía como en casa", cuenta también.
Al principio, tenía dudas de que su plan de crear una academia funcionara, pues no había futbolistas femeninas destacadas en la ciudad, donde las tradiciones alejan a la mayoría de las mujeres del deporte.
Pero abrió la academia con seis alumnos y, pronto, el número aumentó a 63.
"Tenía miedo de todo... de ser una mujer vistiendo el hiyab, de venir al hipódromo, de entrenar aquí sobre la arena delante de hombres", cuenta con una sonrisa.
"Son como mi familia"
Su academia ahora les proporciona a sus jugadores equipamientos de fútbol, así como un alojamiento para ayudarles a centrarse en el deporte.
También son matriculados en escuelas de secundaria y reciben clases de inglés dos días a la semana.
Aquellos que no desean ir a la universidad son contratados para las confiterías y las fábricas de refrescos pertenecientes a la familia de Ghaddar.
"Esos chicos son como mi familia", celebra la directora técnica, que explica que deseó "construir algo diferente" para que todos "tengan una vida mejor".

Alí Mustafá Ahmad Musa es uno de los alumnos de Hidaa Ghaddar que aspira a convertirse en futbolista internacional.
"Rezamos y entrenamos para alcanzar nuestro mayor sueño: fichar por clubes extranjeros en Europa o en cualquier otro lugar", dijo el joven de 15 años tras una sesión de entrenamiento.
Esa es también la esperanza de Ghaddar.
"Mi sueño es ver a uno de mis futbolistas jugando en el extranjero", dijo.
