El ciclo de Lionel Scaloni tiene identidad, jerarquía y una estructura consolidada. Sin embargo, entre lesiones, falta de continuidad y la presión de nuevas caras que empujan desde abajo, algunos nombres históricos entraron en zona de evaluación.
No se trata de una revolución. Se trata de presente.
Lo Celso y la pelea en el mediocampo
El caso de Giovani Lo Celso es uno de los más sensibles. Cada vez que logra continuidad, responde. El problema es que las lesiones volvieron a interrumpir su ritmo en momentos clave.
En una zona donde hoy conviven futbolistas consolidados y nuevas alternativas, el margen se reduce rápidamente cuando el físico no acompaña. Su talento nunca estuvo en discusión; su disponibilidad, sí.
Defensa: lesiones que complican
En el fondo también hay interrogantes. Juan Foyth arrastra una recuperación larga tras la rotura del tendón de Aquiles. Su capacidad para desempeñarse en varias posiciones siempre fue un plus, pero los tiempos de recuperación lo ponen contra el reloj.
En el lateral izquierdo, Nicolás Tagliafico sigue siendo garantía de experiencia y oficio. Aun así, el desgaste lógico y la aparición de variantes más jóvenes abren el debate pensando en un torneo corto y exigente.
Algo similar ocurre con Marcos Acuña: cuando está pleno físicamente, suma carácter y competitividad; cuando no, pierde terreno en una lista cada vez más competitiva.
Talento sin continuidad
Más arriba en el campo, aparecen casos como Paulo Dybala o Ángel Correa. Ambos cuentan con calidad indiscutida, pero nunca terminaron de consolidar un lugar fijo en el ciclo, ya sea por lesiones o por la feroz competencia interna.
En un Mundial, el margen de error es mínimo. Y Scaloni prioriza ritmo, adaptación y actualidad.
La nueva camada que empuja
Mientras algunos históricos pelean por sostener su lugar, nuevas caras empiezan a pedir pista. Nicolás Paz, Giuliano Simeone, Valentín Barco y Franco Mastantuono representan ese recambio natural que todo ciclo ganador necesita.
No es una cuestión de borrar el pasado. Es entender que el Mundial se juega con presente.
La lógica de Scaloni
El mensaje del entrenador fue claro desde el inicio de su ciclo: nadie tiene el puesto asegurado por historia. La base campeona se respeta, pero la competencia es permanente.
Argentina llegará a 2026 con una estructura fuerte y líderes consolidados. La incógnita pasa por los últimos lugares de la lista, donde cada detalle —estado físico, continuidad, versatilidad— puede inclinar la balanza.
Ser campeón suma. Pero el próximo Mundial se juega ahora.
