Sporting Cristal se impuso 2-0 a Deportivo Moquegua con Iván Bulos como técnico interino, pero el foco ya estaba puesto en el siguiente paso. La institución celeste confirmó la noche del jueves la llegada del brasileño Zé Ricardo como su nuevo entrenador hasta 2027, en reemplazo de Paulo Autuori. Así, se abre un nuevo capítulo que, más allá del anuncio, deja interrogantes por la trayectoria reciente del técnico: una secuencia de procesos que no lograron sostenerse en el tiempo.
A sus 55 años, Zé Ricardo ha pasado por 10 clubes, con un dato que condiciona cualquier análisis: su permanencia promedio es de apenas cinco meses. Su carrera, más que consolidarse en proyectos extensos, ha transitado entre etapas cortas que se cerraron antes de madurar. Bajo ese panorama, el contrato ofrecido por Cristal —pensado a mediano plazo— parece ir en sentido opuesto a su historial. La incógnita es si se trata de una apuesta planificada o una respuesta a la urgencia.
El contexto no concede demasiado margen. Cristal atraviesa semanas convulsas, con cuestionamientos al funcionamiento del equipo y la reciente salida de Autuori como telón de fondo. Mientras tanto, el club intenta sostenerse tanto en el plano local como en la competencia internacional. El triunfo ante Moquegua alivió tensiones, pero también dejó en evidencia la necesidad de una conducción firme que ordene el rumbo.
El reencuentro con Vizeu y una posible ventaja inmediata
En medio de ese escenario, aparece un factor que puede jugar a favor en el corto plazo: el conocimiento previo con parte del plantel. El caso más visible es el de Felipe Vizeu, delantero que tuvo uno de sus picos de rendimiento bajo la dirección de Zé Ricardo en Flamengo. En 2017, el atacante brasileño sumó nueve goles en 38 partidos y fue parte de un equipo que logró el título, en una etapa donde encontró continuidad y confianza.
Hoy, su realidad en el Rímac es distinta, con cuatro tantos en 18 encuentros y cuestionamientos desde la tribuna. Sin embargo, el reencuentro con el entrenador que mejor supo potenciarlo abre una posibilidad de recuperación. Más aún considerando que el propio Vizeu destacó en su momento el estilo cercano del técnico: diálogo constante, preguntas al jugador y propuestas de entrenamiento distintas.
Ese manejo de grupo será determinante en un vestuario que viene golpeado por la irregularidad. La capacidad de Zé Ricardo para generar conexión y confianza no es un aspecto menor en un equipo que necesita respuestas inmediatas.
Guerrero, antecedentes y el verdadero desafío
Otro antecedente en su carrera es el trabajo con Paolo Guerrero, a quien dirigió en Flamengo e Internacional. Aunque el delantero no integra hoy el plantel rimense, esa experiencia refleja su paso por equipos con figuras de jerarquía, un elemento habitual en clubes con aspiraciones como Cristal.
Sin embargo, el desafío principal no pasa por los nombres propios ni por su propuesta futbolística. El verdadero reto de Zé Ricardo será cambiar la narrativa que ha acompañado su carrera: la de un técnico de estadías breves. Sostener un proceso, darle continuidad a una idea y consolidar un proyecto en un entorno exigente como el peruano.
Cristal, por su parte, apuesta a romper esa tendencia. Proyecta hacia 2027 con un entrenador que, hasta ahora, ha vivido en el corto plazo. La incógnita es si este será el punto de inflexión. Porque en el Rímac no alcanza con iniciar un ciclo: la necesidad pasa por darle continuidad.
