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El duelo en San Mamés estuvo claramente condicionado por lo que ocurrió en el minuto 83, momento en el que el ex del Celta de Vigo fue expulsado por un supuesto manotazo a Aitor Paredes. Poco después, cuando ya se intuía el final del encuentro, los anfitriones anotaron a través de Ruiz de Galarreta y salvaron un valioso punto.
La realidad es que el contacto de Brais sobre el rostro de Paredes, en el caso de existir, fue mínimo. Y además vino precedido de una provocación del zaguero, que dio un leve empujón al contrario. Pese a todo, Cuadra Fernández decidió sancionar con el mayor de los castigos al gallego y con una tarjeta amarilla al jugador local.
Es imposible saber qué hubiera pasado si la paridad numérica se hubiera mantenido hasta la conclusión, pero es una evidencia que hay más opciones de encajar en inferioridad que sin ella. Con el reparto de puntos, que dejó un mejor regusto en los de casa, la Real logró mantener su invicto en el presente 2026.
En el comunicado de la entidad donostiarra, se habla de que la expulsión fue "escandalosa". Y no es un término ni mucho menos recurrente en las exposiciones públicas de los clubes, que suelen ser comedidos, neutrales y prudentes. Pero el sentimiento de indignación es tal que, en esta ocasión, se ha roto con el protocolo habitual.
