Centro de datos del Real Madrid-Getafe
No hay nada más para un futbolista que sentirse importante, indiscutible y con confianza. El cambio de Vinícius desde la llegada de Arbeloa, y la ausencia de Mbabppé, le ha devuelto al brasileño el papel de estrella. Y como tal afrontó el duelo ante un Getafe que tenía muy claro que había que pararle por lo civil o lo criminal. En cinco minutos ya había recibido tres faltas seguidas. Fue solo el comienzo del acoso y derribo a un Vini que no entendía cómo el árbitro no lo penalizaba con tarjetas. Pero Bordalás sí entendía todo, como parte de un plan para desestabilizarlo. Lo logró con creces.
Lo que sí entendió el Bernabéu es que, además del carioca, había otro nombre en el que fijarse y al que aplaudir: Thiago Pitarch, titular por primera vez. El joven mostró en los primeros instantes la personalidad y la tranquilidad de un veterano para retener o mover la bola. Las ideas, sin embargo, se le fueron apagando como a todo el equipo.

Aun a pesar de ese buen comienzo, el Madrid fue el primero en sufrir un susto. Una volea que cazó Diego Rico y que sacó Alexander-Arnold en el área chica. La réplica llegó pronto. Primero, con un disparo flojo de Gonzalo. Segundo, un robo de Thiago, un mano a mano de Vinícius... y un paradón 'a lo Casillas a Robben' de David Soria. Espectacular. Como también la ruleta de Güler 'a lo Zidane' que finalizó con otro despeje de Soria. Magia del turco y truco del portero.
El fútbol incordio de papá
A pesar de esos detalles, poca fluidez había por las continuas faltas de los de Bordalás que cortaban el ritmo de un Madrid que comenzó a desesperarse viendo que se jugaba a lo que querían los azulones. Y en esas, cuando nada parecía pasar, apareció un balón en el área que cazó de volea Satriano para marcar el golazo de su vida.
La impotencia se hizo más evidente aún en los de Arbeloa. Ya nadie buscaba un desmarque ni un regate, todos eran planos, esperando el balón al pie. Y eso impacientó a un Bernabéu harto de pases sin profundidad y que acabó pitando a los suyos cuando el descanso llamó a la puerta.
Triple cambio
10 minutos les dio el técnico local a sus hombres para solucionar el problema. Cuando vio que eran incapaces, metió a la vez a Rodrygo, Carvajal y Huijsen. Empezó a jugarse más y más en los dominios getafenses, pero sin que Soria fuera exigido. Y eso puso aún más nervioso a todos. Incluido el árbitro, que ya se había guardado alguna tarjeta al Geta y que decidió pitar menos conforme se acercaba el final. Lo aprovecharon los de Bordalás para ser más agresivos y, de paso, falta propia o ajena, quedarse un ratito sobre el césped. Arañar segundos y sacar de quicio al enemigo también era parte del plan.

Al último cuarto de hora se llegó con apenas un remate de Rüdiger a balón parado. Ni jugando con cuatro delanteros, ya con Mastantuono unido a Rodrygo, Gonzalo y Vini, podían romper líneas. Brahim, mientras, seguía calentando en la banda. Incomprensible. Como lo fue cuando Carvajal, tras remate de Rodrygo y desvío de Soria, se quedó con la pelota entre las piernas sin poder rematar a puerta vacía. Eso fue lo más peligroso que hizo el Real Madrid, impotente para superar el engranaje defensivo azulón.
Cuando quedaban cinco minutos ya quemó todas sus naves Arbeloa jugando con cinco delanteros, metiendo a Brahim en el campo. Pero ni por esas. De hecho, acabó con cuatro puntas porque Mastantuono se autoexpulsó por decirle algo al árbitro. También Liso acabó expulsado, en su caso por doble amarilla, cuando ya el encuentro perecía. El Madrid perdió. El Getafe ganó. El título, cada vez más cerca del Barcelona. Y el Bernabéu, harto de su equipo.
Por cierto, al final hubo bronca. Nyom, que se la tenía jurada a Vinícius, celebró con efusividad cerca del banquillo madridista. Y el brasileño se encaró con él. Hasta Militao, lesionado, fue también a por el suplente del Gefafe. Imagen barriobajera de muchos al final.

Jugador Flashscore del partido: David Soria (Getafe).
