Centro de datos del Celta-Real Madrid
La ansiedad de los blancos tras las dos últimas derrotas tenía una dura prueba que superar en Balaídos, donde le esperaba un paciente Celta, capaz de jugar bien con balón o de encerrarse sin él para correr al espacio. Para superar la crisis, obligado también por la decena de bajas, planteó Arbeloa un Madrid sin '9', con Vinícius y el olvidado Brahim muy abiertos.
Mientras se acostumbraban al sistema, los de Giráldez aprovecharon para obligar a trabajar a Courtois con sendos disparos con veneno de Borja Iglesias y Jutglà. La réplica llegó con un remate de Vinícius al palo y con el gol de Tchouaméni tras una jugada de estrategia en la que la zaga celeste se olvidó del francés. Con la ventaja, los madrileños calmaron sus nervios, sobando sin pudor la pelota ante un errático rival.

La alergia defensiva de Alexander-Arnold
Pero quizás por esa facilidad combinativa, aunque carente de profundidad, el Celta consiguió el empate. Se durmió la defensa, muy adelantada, lo que aprovechó Swedberg para ganar la espalda a un endeble Alexander-Arnold. El sueco, ante la mirada y falta de contundencia del inglés, esperó la llegada de Borja Iglesias, con más hambre que los defensas, para rematar a bocajarro y empatar el choque.
El bajón anímico del Madrid fue de aúpa. Desapareció la movilidad de los de arriba, con Brahim sin confianza y Vinícius desaparecido. Los locales olieron el miedo y adelantaron algo más sus líneas. De esa presión y de la calidad en el juego asociativo llegó otra gran ocasión, finalizada por Swedberg, desbaratada de nuevo por Courtois. Así llegó el descanso, con la sensación de que el Celta, a poco que mostrara más ambición, podía ganar el partido con relativa facilidad.
A pesar de todo, Arbeloa no movió el banquillo. Tampoco Giráldez, claro. Ambos equipos incrementaron el ritmo y la dosis de agresividad en el campo. Mas no se tradujo en remates. Vinícius y Brahim participaron más, pero ninguno tenía el día. El Celta defendía con comodidad, aguardando su momento para armar el contragolpe.
Los minutos pasaban y la impotencia blanca volvía a reproducirse como ante el Getafe en la pasada jornada. Lo intentó sin suerte Thiago, atrevido; también Vini, ya peleado con la grada, que le gritaba aquello de 'balón de playa'. En esas, entró Palacios por Güler. Sorprendente. Como lo fue la llamada a Díaz de Mera para que revisara un posible penalti por manos de Jutglà. Las hubo, sí, pero justo antes también existió un empujón de Palacios a Ilaix Moriba. Se quedó, pues, el Madrid sin penalti a favor.

Oh, capitán, mi capitán
Así llegó el duelo a su recta final. Sin profundidad ni verticalidad ni acierto en el remate de los blancos. Sin atrevimiento de un Celta que no quiso arriesgar ni un ápice. Hasta que entró Iago Aspas a cinco minutos del final. El capitán, en su primera aparición, dejó sentado a Asencio y envió un disparo al palo. Qué calidad la del Príncipe de las Bateas.
Tembló el Madrid, que apenas pudo recuperarse con algún saque de esquina. Demasiado poco como para creer en la victoria. Pero entonces apareció el otro capitán, Fede Valverde, llegando como caballo desatado y pegando un feroz puntapié que rebotó en un defensor del Celta y sorprendió a Radu.
Una victoria celebrada como si hubieran ganado LaLiga. No lo han hecho, pero sí pueden decir que no la han perdido. La cara amarga, la de los vigueses, que se van con la sensación de que podían haber sacado mucho más, como en el Bernabéu en la primera vuelta.

Jugador Flashscore del partido: Valverde (Real Madrid).
