En la Libertadores, el pasado nunca garantiza el futuro. Ese es, quizá, el primer recordatorio que recibe Sporting Cristal antes de enfrentar a 2 de Mayo, la revelación inesperada del torneo y, al mismo tiempo, el equipo que asestó el primer golpe contra el fútbol peruano al eliminar a Alianza Lima. Ahora, en la segunda fase de la Copa Libertadores, el cuadro rimense carga con una responsabilidad que no admite lecturas tibias: demostrar que su jerarquía internacional sigue intacta pese a un arranque doméstico que dejó más interrogantes que certezas.
No se trata solo de un partido. Es, sobre todo, un examen de madurez para un plantel que ha alternado picos de solvencia con caídas bruscas de rendimiento en las primeras fechas de Liga 1. El equipo dirigido por Paulo Autuori llega a este duelo consciente de que el prestigioso torneo rara vez permite segundas oportunidades. Lo sabe la tribuna, que aún lamenta la eliminación temprana del otro gigante limeño, y lo sabe un plantel que entiende que el fútbol internacional castiga la desatención con una severidad que la liga local no siempre exhibe.
Mientras tanto, en el otro lado de la eliminatoria aparece 2 de Mayo, un club que, sin haber sido considerado protagonista habitual en Paraguay, ha encontrado en esta edición del torneo un espacio inesperado para reclamar identidad. Su clasificación ante Alianza Lima no fue producto del azar, sino de un orden defensivo inquebrantable y un compromiso colectivo que, por momentos, obligó al rival peruano a confundir prisa con eficacia. La resistencia desplegada en Matute -ese 1-1 que silenció tribunas y encendió alarmas- sirvió como recordatorio de que no existe rival pequeño cuando la convicción supera al presupuesto.
Cristal observa esa eliminatoria con atención quirúrgica. No solo revisa cómo 2 de Mayo cerró espacios o cómo sus mediocampistas rompieron líneas en transiciones veloces: analiza, sobre todo, el peso anímico que un rival con viento a favor puede ejercer. Porque mientras el cuadro paraguayo llega a esta fase con la confianza inflada por el golpe de autoridad que dio en Lima, Cristal lo hace desde un lugar más incómodo: el de la obligación. Y en la Libertadores, la obligación puede ser una brújula precisa… o una cadena pesada.
El peso de ser favorito
El partido de ida, a disputarse en el Estadio Río Parapití, será un ejercicio de resistencia emocional para los celestes. No solo por la presión habitual de jugar fuera de casa, sino porque el torneo ha demostrado que cualquier desconcentración puede alterar una eliminatoria entera. En ese escenario, nombres como Joao Grimaldo, Martín Távara o Santiago González tienen la tarea de imponer un ritmo que no permita al rival refugiarse cómodamente en su plan habitual. Cristal deberá jugar como equipo grande desde el primer minuto: agresivo, lúcido, paciente cuando corresponda y vertical cuando el partido lo permita.
La vuelta, programada en el Estadio Nacional, puede convertirse en una fiesta o en un temblor, dependiendo de lo que ocurra en Paraguay. El cuadro de Autuori sabe que su conexión con la hinchada depende, en buena medida, de su rendimiento continental. Cristal construyó buena parte de su identidad en la forma en que encaró la Libertadores durante décadas: con la convicción de que, aun sin los planteles más costosos del continente, podía competirle de igual a igual a cualquiera. Esa tradición está en juego cada vez que una llave preliminar aparece en el calendario.
2 de Mayo, por su parte, juega sin ese peso. Se mueve cómodo en el rol del que no tiene nada que perder. Para Cristal, eso es un peligro enorme. Pero también es una oportunidad: demostrar, en la cancha, que la historia no es un adorno sino un compromiso. Que los equipos grandes actúan cuando deben actuar, sin excusas ni respiros. Y que la Libertadores, esa montaña que a veces se siente interminable, todavía puede ser un escenario donde el fútbol peruano exhiba más que nostalgia.
El reloj avanza. La fase 2 espera. Y Sporting Cristal llega con una obligación: devolverle al torneo el respeto que alguna vez supo inspirar. Todo lo demás será consecuencia.
