El golpe con su compañero Camavinga fue de los brutales, de esos que pareces golpeado por un camión. Ambos jugadores del Real Madrid quedaron tumbados en el terreno de juego, pero el francés pronto se pudo levantar. El que preocupó más fue el canario.
Durante más de cinco minutos estuvieron los médicos atendiéndole hasta que se le colocó un collarín y se le pudo subir a la camilla, un proceso también complicado de ejecutar porque se le quería mover lo menos posible.
Arbeloa, al finalizar el partido, puso algo de luz sobre su estado de salud y luego fue Raúl Asencio quien terminó de tranquilizar a todos con un mensaje en redes después de que en el hospital le confirmaran que no sufría ninguna lesión grave en el cuello.
Ahora descansa en su domicilio a la espera de cómo evolucione de ese latigazo cervical que recibió al golpearse en el aire y caer en muy mala postura. Su concurso ante el Getafe el lunes no está descartado.
