Jonatan Giráldez, el método para ganarlo todo

Jonatan Giráldez, el método para ganarlo todo
Jonatan Giráldez, el método para ganarlo todoCredit: ČTK / imago sportfotodienst / Christian Schroedter

En vísperas de una final de la Liga de Campeones femenina contra su antiguo club, el FC Barcelona, Jonatan Giráldez se dispone a escribir un nuevo capítulo de su extraordinaria carrera. Con el Lyon, perpetúa una lógica implacable: cada club que toca se convierte en una máquina de ganar, cada vestuario que atraviesa se transforma en un laboratorio de excelencia. He aquí el retrato de un técnico que vive y respira, descifrado por quienes han trabajado estrechamente con él.

Hay cifras que resumen una carrera mejor que cualquier discurso. Con el Barcelona, Jonatan Giráldez ganó diez trofeos en tres años de doce posibles. No se ha perdido ni una sola final de la Liga de Campeones desde que ocupa el cargo, y siempre ha llegado a la final de las competiciones domésticas, perdiéndose únicamente la Copa de la Reina 2023 por un error administrativo: el Barça jugó contra Geyse estando ella sancionada, y fue eliminado con tarjeta verde. Desde su llegada al Lyon, Geyse ya ha añadido dos títulos más a su palmarés: la Copa de la LFFP y la Copa de Francia, ambas arrebatadas al París Saint-Germain.

Y la noche del 23 de mayo de 2026, guiará al Lyon a otra final continental, contra su antiguo club, el Barça. Un símbolo viviente de lo que ha construido, y de lo que ahora es capaz de superar. Este éxito no es casual. Es el fruto de un método preciso, de una pasión desbordante y de una capacidad poco común para sacar lo mejor de cada entorno, de cada jugador, de cada cultura. Para entenderlo, hay que remontarse a sus orígenes.

El entrenador total, construido a través de cada posición

Giráldez no llegó a la cima. Llegó desde abajo, habiendo ocupado casi todos los puestos de un cuerpo técnico: analista, preparador físico, especialista a balón parado, ayudante... Antes de asumir el cargo de seleccionador. Es esta singular trayectoria la que Sergi Uclés, entrenador de porterosdel Lyon y miembro de su actual cuerpo técnico, identifica como la base de su inteligencia global.

Para Uclés, este ascenso paso a paso le ha proporcionado un bagaje que pocos entrenadores poseen: dominio táctico, por supuesto, pero también un conocimiento detallado de las cargas de entrenamiento, del proceso de recuperación, de las lesiones, del trabajo específico con los porteros y de la pelota parada. Tiene conocimientos en todas las áreas", añade el que fuera entrenador de La Masía entre 2007 y 2018. No sólo como primer entrenador en lo táctico, sino también en la preparación física, en la planificación, en lo médico... eso es algo que le interesa, entender el proceso de recuperación de los jugadores. Le gusta controlarlo todo, y como tiene conocimientos en todas las áreas, eso le ayuda a conectar con el personal y aportar mucha más riqueza al trabajo diario."

Sin embargo, esta visión de 360 grados es cualquier cosa menos microgestión. Es la base de una autoridad natural que se impone con el ejemplo y no con la jerarquía. "Es una persona que se exige mucho a sí misma, a la que le gusta que todo esté muy bien estructurado y muy bien organizado durante la semana para que el mensaje llegue a los jugadores", explica Uclés. Pero este rigor no le impide delegar: a cada miembro de la plantilla se le confía su área, con la responsabilidad y la confianza que ello conlleva. "Predica con el ejemplo, en la forma en que transmite la información, organiza su trabajo diario y distribuye las tareas. Eso significa que, al menos en mi caso particular, quieres llegar a ese nivel de detalle, a ese nivel de exigencia, a través de lo que él demuestra cada día".

Una identidad de juego grabada en piedra

Allá donde ha ido, del Camp Nou a las orillas del Potomac con el Washington Spirit, y luego a las orillas del Ródano, ha surgido el mismo principio rector. Sergi Uclés lo ha formulado en los términos más completos: un equipo ofensivo construido en torno a un 4-3-3 flexible, que busca dominar la posesión, ejercer una presión alta en cuanto se pierde el balón y recuperarlo lo más cerca posible del campo contrario. "Siempre tenemos un plan A, un plan B, diferentes alternativas para estar lo más preparados posible para afrontar cada partido, teniendo en cuenta el perfil de los jugadores que tenemos, cómo será el rival, y el plan de juego desarrollado durante la semana".

No es un sistema rígido, es un marco para pensar. El propio Giráldez es plenamente consciente de las similitudes entre su Barça y su OL: "En términos de identidad, hay muchas similitudes: dominar los partidos, atacar, partir de la posesión, crear ocasiones. Luego, el perfil y la calidad de los jugadores te orientan hacia ciertas relaciones de juego diferentes." La filosofía se mantiene, pero las jugadoras cambian.

Ingrid Engen, que jugó en el Barça de Giráldez antes de fichar por el Lyon, lo sabe mejor que nadie: "Jona tiene ideas muy precisas sobre cómo quiere jugar, y reconozco muchas cosas de su época en el Barcelona. Pero, evidentemente, se adapta a los jugadores que tiene aquí. Se asegura de que juguemos su estilo de fútbol, con sus ideas, al tiempo que hace hincapié en los puntos fuertes de nuestro equipo."

"Es muy soleado"

Para captar a Giráldez en los términos más concretos, hay que buscar a quienes han trabajado con él lejos de los focos. Annaig Butel, actual defensa del FC Fleury y ex jugadora del Washington Spirit que jugó a sus órdenes durante la temporada 2023-24, es quizá el testigo más valioso. Ella lo descubrió en un contexto muy especial: llegó durante la temporada a una plantilla que ya estaba bien asentada, con automatismos establecidos.

La integración fue inmediata. No porque sacudiera las cosas, sino porque había preparado el terreno de antemano con su ayudante Adrián González, y porque llegó con lo que Butel llama su energía solar: "Es muy soleado, muy sonriente, y aporta mucho buen humor a todo lo que hace. Todo surgió de forma natural. Cuando llega al entrenamiento, sabe que le espera un buen rato.

Pero bajo esa cálida superficie, la exigencia es omnipresente. Butel lo describe con una imagen que lo dice todo: Giráldez a un lado del campo, imitando las carreras de sus jugadores, simulando dar pases cuando no tiene el balón, viviendo cada sesión desde dentro. "Es muy apasionado, pocas veces he visto eso. Es detallista, exigente. Todo está muy calculado, sabe lo que quiere y, sobre todo, sabe adónde va".

Básicamente, Butel encuentra en Washington exactamente la misma filosofía que en el Barça o el Lyon. El técnico, que también ha trabajado con las categorías inferiores de la selección catalana, no se contenta con ofrecer un plan de juego: entrena a sus jugadores para que lean por sí mismos la táctica del rival, para que puedan adaptarse en tiempo real. Se trabajan dos o tres tácticas, se asimilan y se interiorizan, hasta el punto de que ya no hace falta preguntar. "En función de lo que proponía el adversario, nos adaptábamos. Eso es lo bueno, porque al final el entrenamiento nos enseñaba lo que teníamos que hacer en función de lo que nos sugería el rival".

El laboratorio del entrenamiento

Un día con Giráldez empieza delante de una pantalla. Tanto en Washington como en Lyon, las sesiones matinales de vídeo pueden durar una hora, a veces hora y media. Butel dice que le encantaba esta forma de trabajar. "Podíamos pasar al menos una hora, hora y media delante del vídeo, pero era ultra importante. Y en el campo, era intenso. A menudo superábamos el horario de entrenamiento porque es muy apasionado, le gusta mucho el fútbol y quería trabajar, trabajar y trabajar".

La organización de las sesiones se basa en un principio invariable: todo es competición. Butel vio vídeos de los entrenamientos del Lyon y le llamó la atención que fuera exactamente lo que estaba viviendo en Washington. Los mismos ejercicios, la misma lógica. Dos equipos dispuestos al principio de la sesión, compitiendo entre sí en partidos en los que los puntos en juego varían a lo largo de la sesión. "Todo está calculado, cada ejercicio: no hay un juego de azar en el que se dice "jugamos por jugar". No. Y al final de la sesión, anuncia cada vez los ganadores. Todo es una competición. Pero también hay sentido del humor, con muchas risas y bromas.

Vicki Becho, delantera del OL, ve en estas sesiones una exigencia que va más allá del balón. Giráldez no sólo te pide que juegues bien: te pide que pienses siempre en el siguiente paso. "Nunca mira el momento, siempre mira lo que vamos a hacer después. Una vez que tienes el balón, ¿qué haces después? Una vez que hemos pasado el balón, ¿qué hacemos después?", declaró a Flashscore al principio de la temporada. Es una forma de desarrollar jugadoras que se anticipan en lugar de reaccionar, equipos que juegan por delante del juego".

Ashley Lawrence, internacional canadiense, experimentó una revelación similar en pretemporada, sobre la cuestión del posicionamiento. Es un concepto con el que creía estar familiarizada, pero que el entrenador del OL Lyonnes ha llevado a un nivel de detalle sin precedentes: "A menudo hablamos de táctica, de jugar juntas, de crear conexiones. Pero el posicionamiento es fundamental". La forma en que lo explicó, con tanto detalle, es algo que nunca había oído antes. Es algo que me fascinó y que sigo aprendiendo".

Quizás sea Lindsey Heaps, la centrocampista de 31 años del OL Lyonnes que está disfrutando de su última temporada con Les Fenottes antes de marcharse a Denver (Estados Unidos), quien mejor resume lo que Giráldez sigue enseñando a las jugadoras experimentadas, a las que creían haberlo visto todo: "Me gusta tener un entrenador que pueda desafiar mi forma de pensar. Sé que no soy la persona más inteligente del mundo, pero siempre tengo ganas de aprender. Y cuando estás un poco más avanzado en tu carrera, cuando eres un veterano, es más raro encontrar eso". Este desafío intelectual constante se refleja en las discusiones durante las sesiones de vídeo, donde dice que hace "demasiadas preguntas" y su entrenador siempre responde.

La toalla y la papelera

Hay una anécdota que Annaig Butel dice que nunca olvidará. Una escena aparentemente inocua: una mesa, una servilleta de papel, un cubo de basura. Alguien propone un juego: tirar la servilleta arrugada a la papelera. Giráldez participa como si el título estuviera en juego. "Odia perder. Es estúpido, pero incluso cuando juega al ping-pong, a la pelota o a la canasta, tiene que ganar, lo da todo. En la mesa, podíamos jugar con una servilleta y tirarla a la papelera, siempre lo recordaré, así jugábamos, no quería perder. Quiere ganarlo todo, es un competidor enfermizo".

Esto revela algo más profundo: con Giráldez, la competitividad no es un modo activado para ocasiones especiales. Es permanente, total, indivisible. Se aplica al ping-pong, al take-a-ball, al lanzamiento a canasta y a la Liga de Campeones exactamente con la misma intensidad. Lindsey Heaps dice que odia jugar contra él en el Tech Ball y que le encanta al mismo tiempo, porque ver a su entrenador ferozmente competitivo en cada partido es el mejor ejemplo que un entrenador puede dar.

Esa pasión también se traslada al terreno de juego, donde el vigués vive cada situación a cien por hora y a veces pita a los árbitros con vehemencia profesional. Butel lo recuerda con diversión: cuando se lo encontró como rival en la Premier League, durante un Lyon-Fleury, le preguntó amablemente por sus problemas con los árbitros estadounidenses. Su respuesta, entre risas: "Aquí, mantengo la boca cerrada.

Conocer a la persona para hacer progresar al jugador

Lo que distingue a Giráldez de los entrenadores puramente técnicos es que el fútbol nunca es un mero pretexto. Antes de incorporarse al OL, dedicaba tiempo a hablar individualmente con casi todos sus futuros jugadores, no para hablar de táctica, sino para conocerlos. Vicki Becho recuerda esta charla inaugural: "La idea era realmente conocer a la persona para saber cómo ayudarla a progresar lo máximo posible. Y no es sólo fútbol, es un poco de todo. Se trata de conocer a la persona, y eso es lo que va a ayudar al jugador a desarrollarse".

Esta atención se refleja en su relación cotidiana con la plantilla del Lyon. Aprende francés a una velocidad de vértigo, se expone a las correcciones con buen humor y adapta su comunicación a cada perfil. "Siempre da prioridad al equipo", afirma Becho. Y añade algo que dice mucho del ambiente que crea: "Tienes la sensación de que somos un equipo muy unido". A menudo dice: el problema no es la ejecución, sino la decisión que tomamos después por el equipo. Así es como vamos a ganar títulos".

Sergi Uclés también extiende esta atención al individuo a la gestión de su plantilla: a cada miembro se le confía su propia área de responsabilidad, con libertad para ejercerla al máximo. "Sabe dar a cada uno su espacio y sacar lo mejor de cada individuo para que ayude al equipo lo máximo posible", afirma. Un líder que da responsabilidad en lugar de control.

El lenguaje como filosofía

Giráldez tiene una convicción lingüística que se asemeja a un principio vital. Allá donde va, hace suyo el idioma del país, no por cortesía, sino porque cree que es un requisito previo para entender de verdad a aquellos con los que trabaja. En Washington, exigió que incluso los jugadores franceses, que habían llegado a Estados Unidos antes que él, hablaran inglés en grupo. Annaig Butel explica: "Para él, es esencial. Cuando estás en un país nuevo, tienes que hablar el idioma. Él tiene muchas ganas de hablar el idioma y ha desarrollado unas habilidades lingüísticas increíbles porque habla español, francés e inglés. No me sorprende que hoy hable bien francés".

Además, en Washington ha convertido este proceso de aprendizaje en un ejercicio colectivo de superación personal. A veces, los jugadores tenían que hablar delante de todo el grupo en inglés, una forma de ayudarles a crecer no sólo lingüísticamente, sino también como personas capaces de expresarse en público. Y él mismo aprendía al mismo tiempo, con la misma intensidad que pone en todo lo demás. "Es muy trabajador. Cuando quiere algo, lo consigue", resume Butel.

Su progresión en Lyon ha sido espectacular. A las pocas semanas de su llegada, ya se dirigía a los jugadores en francés durante las sesiones de vídeo. Becho señala que incluso le gusta que le corrijan cuando tropieza con una palabra, un signo de humildad que, paradójicamente, refuerza su autoridad. "No tiene ningún problema. Se esfuerza mucho por hablar francés. Y nosotros se lo agradecemos.

Lo que él mismo ha aprendido por el camino

Giráldez es consciente de lo que le han aportado sus años lejos de Barcelona. No los ve como una necesidad profesional, sino como un proceso voluntario de crecimiento. "Vivir en diferentes países, trabajar con diferentes jugadores, diferentes empleados, diferentes culturas: tuve que jugar de diferentes maneras, enfocar el juego de forma diferente, adaptar mis ejercicios de entrenamiento a contextos diferentes a los del Barça. Esa fue una de las principales razones para marcharme: crecer como profesional y como persona".

Ante la final contra su antiguo club, afronta la adversidad con una serenidad que parece sincera. Guarda buenos recuerdos del Barça y le desea lo mejor en todas las circunstancias, excepto el sábado. Como competidor, sabe que para ganar este partido tendrá que ser casi perfecto. Y es precisamente esa búsqueda de la perfección la que estructura toda su semana de preparación: no cambiar nada en la rutina, trabajar en lo que se puede controlar, conseguir que todos los jugadores hablen el mismo idioma. "No me gusta cambiar nuestro planteamiento para este tipo de semanas, porque al fin y al cabo, lo que tenemos que hacer es lo mismo que en los partidos anteriores. Todo gira en torno al fútbol".

"Es el mejor entrenador que he tenido"

Annaig Butel ha tenido varios entrenadores en su carrera. Cuando se le pregunta si Giráldez es el mejor del mundo, se muestra cauta, ya que no conoce a todos, pero basándose en su propia experiencia, la respuesta es tajante: "Para mí, hoy por hoy, en mi carrera y en mi propia experiencia, es el mejor entrenador que he tenido." Y su llegada al Lyon no le sorprende lo más mínimo: "Sabemos que empezó desde abajo en Barcelona y llegó a lo más alto. Después de haberlo tenido en Washington, no me sorprende que hoy esté rindiendo bien en Lyon y que siga haciéndolo durante mucho tiempo".

Ingrid Engen, que lo ve como alguien que jugó primero contra él antes de unirse a él, es quizás quien mejor puede juzgar lo que le hace diferente: "El entrenador tiene una mentalidad ganadora increíble, sea cual sea el partido. Eso es lo que saca lo mejor del equipo. Ya sea en la liga, en la copa o en la Liga de Campeones, muestra tanta pasión que queremos ser perfectos en todo lo que hacemos. Es imposible ser perfecto todo el tiempo, pero nos esforzamos por conseguirlo".

Cerrar el círculo

Hay una suave ironía en este final. El hombre que convirtió al Barça en una máquina de ganar se encuentra el sábado en el otro lado, teniendo que deshacer lo que construyó. Sus antiguos jugadores, su antiguo ayudante Pere Romeu, ahora entrenador del Barcelona, su antiguo club y él mismo, enfrente, con el OL Lyonnes. Una situación que afronta con ecuanimidad: "Me siento un privilegiado. Como seguidor del Barça, siempre les desearé lo mejor, excepto por supuesto en esta final, porque soy un competidor y me gusta ganar, igual que a ellos".

Por otro lado, sus ex jugadores tienen su propia manera de vivir este particular enfrentamiento. Claudia Pina, cuya carrera profesional fue realmente lanzada por Giráldez, resume: "Al final, Jonatan nos conoce. Nosotros también le conocemos bien. Va a ser un partido divertido, es un gran entrenador y probablemente nos cueste". Vicky López, que se convirtió en la jugadora más joven en jugar con un equipo sénior del Barça en partido oficial cuando le tocó debutar con el actual entrenador del OL Lyonnes, descarta cualquier intento de nostalgia: "Sabemos que es un rival duro, con grandes jugadoras".

Korbin Shrader ve desde dentro lo que el ex del Barça ha conseguido en Lyon en pocos meses: "Su pasión se contagia al equipo. Nos da ganas de jugar con confianza. Como somos uno de los mejores equipos del mundo, también es muy exigente con nosotros". Este es quizás el resumen más honesto del método: un entrenador cuyo entusiasmo es tal que se convierte en colectivo, y cuyas exigencias no son aplastantes sino edificantes.

Porque en eso consiste el método Giráldez. No es un sistema, no es una fórmula mágica. Es una forma de ser total y permanente, que se aplica tanto al maletín como a la Liga de Campeones. "Para jugar finales, para ganar títulos, hay que ser perfecto, o al menos lo más parecido posible para tener más posibilidades de ganar", le gusta recordarnos.