La sonrisa de quien ha logrado una hazaña a veces es la misma que la de quien ha hecho algo sencillo. En un fútbol donde cada vez hay menos espacio para los sentimientos humanos, Gustavo Alfaro es un hombre auténtico que destaca por su serenidad y sus principios. Impasible en la tanda de penaltis de su Paraguay contra Alemania, a pesar de los dos lanzamientos fallados por sus jugadores, después celebró la clasificación con aplomo.
Lo que se podría definir como un Carlo Ancelotti argentino, ha vuelto a demostrar una calma y compostura únicas. Cualidades totalmente opuestas a las de sus futbolistas, a quienes les pidió desde el primer momento recuperar la garra guaraní, el concepto fundamental del fútbol paraguayo. Como la calidad no está al nivel de las grandes potencias sudamericanas, había que apostar por la tenacidad.
Y ha sido gracias a esa tenacidad que la sexta clasificada de la Conmebol en el Mundial ha eliminado a la semifinalista de la Eurocopa 2024. De hecho, su aventura con la selección albirroja comenzó con un empate en casa de Uruguay y siguió con una victoria ante Brasil. La impresionante racha inicial de nueve partidos sin perder (cinco victorias y cuatro empates) permitió a los guaraníes recuperar la solidez perdida. Así han llegado a un Mundial en el que ahora se medirán a Francia en los octavos de final.
ADN paraguayo
“Aristóteles lo decía: la esperanza es el sueño de un hombre despierto”. Cada vez que habla, Gustavo Alfaro utiliza citas que dejan huella. De la filosofía a la música. Del cine a las reflexiones de personajes de distintos deportes. En una entrevista que le hice en 2022, antes del Mundial cuando dirigiría a Ecuador, ya transmitía esa calma en cada declaración y reflexión.
Y esa tranquilidad innata logra transmitirla hasta lo más profundo de sus futbolistas. Quienes lo conocen bien cuentan que para él nada es imposible, y también que nada más llegar al banquillo de Paraguay “sacudió el árbol para quitar las telarañas y hacer que volviera a dar frutos, en vez de pudrirse”. Gracias a su intervención, el lapacho, el fuerte árbol paraguayo, ha vuelto a erguirse sólido y fuerte, mostrando sus hermosas flores lilas.

Y los frutos se han visto, y de qué manera. A pesar de una plantilla que no rebosa talento, la efectividad de los guaraníes ha sido contundente en este Mundial. El pase a octavos llegó tras una derrota por 4-1 ante Estados Unidos, una victoria ajustada por 1-0 ante Turquía —jugando la segunda parte con 10 contra 11— y un 0-0 frente a Australia. Dos goles marcados antes del duelo ante los alemanes, donde el equipo se transformó. Sólido atrás y letal arriba, con Enciso culminando con un gol de delantero centro una temporada brillante en el Estrasburgo.
Padre pragmático
“Lechuga”, como llaman a Alfaro en su país desde que tenía seis años por su abundante cabellera, ha recorrido un camino largo y silencioso, alternando grandes momentos. Se retiró como futbolista a los 30 años para convertirse de inmediato en entrenador, y enseguida construyó una enorme empatía con todos sus jugadores. Muchos lo consideran un guía espiritual, alguien que va más allá de los conceptos tácticos y que, en sus largas charlas, intenta convencer a su interlocutor de que “todo es posible”. Siempre con una sonrisa.
Los distintos Daniele De Rossi y Kevin Mac Allister reconocieron su papel de padre de familia durante su etapa como técnico de Boca Juniors. Y lo mismo se ha visto con varios jugadores de Paraguay durante y después de la victoria ante Alemania. Su abrazo al final del partido con Tony Sanabria, que había fallado un penalti decisivo para la clasificación, resalta su enorme humanidad.

Su pragmatismo le permitió en su día ganar un campeonato argentino con el Arsenal Sarandí, el primero en la historia del club de Avellaneda. Hoy, tras haberse consolidado entre los grandes técnicos sudamericanos como seleccionador, con su serenidad ha escrito la historia de Paraguay. Ahora le tocará ir más allá de la historia, para apuntar a la leyenda. El reto ante una Francia que parece imparable es de los que parecen imposibles. Lástima que Gustavo ni siquiera sepa leer esa palabra.
-----------------------------------------------------------------------

