No se podía permitir ni una duda para mostrar su condición de aspirante a campeón. Y no la concedió. Russell defendió con uñas y dientes su pole ante el ataque inicial de los Ferrari y aprovechó la lucha en esos primeros giros entre Leclerc y Hamilton, de la que salió vencedor el inglés, para asentar su liderato. Desde ahí marcó un ritmo constante que le permitió ir abriendo hueco suficiente para gestionar con cierta comodidad su estrategia.
Sólo tuvo algunas dificultades superado ya el ecuador. Verstappen, con un Red Bull muy renovado y mejorado, y que había vencido en la batalla con su archienemigo Hamilton, empezó a acosarle, colocándose a apenas un segundo de distancia. Algo no terminaba de funcionar tan bien como antes en su Mercedes, lo que le obligó a pasar por boxes para cambiar sus gomas por última vez, a 16 vueltas del final.
Russell salió entonces a pista tercero, detrás del neerlandés y de un Antonelli que aún tendrían que parar, pero que iban con un mejor ritmo. No estaba, ni mucho menos, decidido el ganador, que saldría de este trío. Pero el inglés recuperó sus mejores prestaciones y, una vez que sus rivales cambiaron sus ruedas, recuperó el primer puesto con el que cruzó la bandera a cuadros por delante de Max y de Kimi, actual líder del Mundial.
Abandono de Sanz
Hamilton, viendo de lejos esa pelea por el triunfo, seguro que acabó enfadado con la estrategia de Ferrari. Después de haber ocupado la segunda plaza en la primera parte de la prueba, la degradación le obligó a ir a boxes el primero de los gallitos. Pero cuando el motor del Williams de Sainz se rompió, le llamaron de nuevo para calzar gomas blandas. Estrategia arriesgada y fallida porque salió séptimo, en tráfico, y no pudo progresar como se esperaba.
Se tuvo que conformar con un quinto que supo a nada, por detrás de Piastri. Tampoco los McLaren encontraron un buen ritmo en el fin de semana para inquietar a los de delante. Norris, por ejemplo, acabó séptimo, sin poder superar a Hadjar. Leclerc, Lawson y Lindblad completaron las 10 primeras posiciones.
¿Y Alonso?
Fernando volvió a batallar contra su propio monoplaza. Llegó a meta 18º y último de los que acabaron, porque hubo cuatro abandonos, entre ellos el citado de Sainz, además de su compañero, Stroll, y los dos Cadillac, de Pérez y Bottas.
El único consuelo para el asturiano, que fue doblado en dos ocasiones por la cabeza de carrera y sancionado por no respetar la velocidad en el pit lane e ignorar banderas azules, es que ya queda menos para que, en teoría, este sufrimiento en el asfato se acabe... siempre que el radical paquete de actualizaciones que se espera en Aston Martin este verano funcione, claro.
