Estas son las principales conclusiones de Finley Crebolder sobre el Gran Premio de Singapur de 2026, en el que Max Verstappen logró la victoria y Kimi Antonelli terminó tercero para quedarse a una carrera del título.
Verstappen vuelve a ser imbatible
Red Bull y Verstappen lograron su primera victoria de la temporada la semana pasada en Malasia y demostraron de forma contundente que no fue flor de un día en las calles de Singapur.
Al tratarse de un fin de semana con carrera al sprint, hubo cuatro sesiones relevantes en Singapur. Verstappen fue el más rápido en todas ellas, logró dos poles y dos victorias, al volante de un coche que no era ni mucho menos muy superior al de sus rivales.
Antes de esta temporada, este tipo de exhibiciones dominantes del neerlandés eran habituales, pero su nivel había bajado en 2026. En años anteriores exprimía hasta la última gota del potencial de sus monoplazas y superaba claramente a sus compañeros de equipo. Sin embargo, ya no hacía ninguna de las dos cosas mientras se preguntaba si quería seguir en la Fórmula 1, y mucho menos en Red Bull. Ahora ha renovado su contrato, se ha comprometido con su equipo y dispone de un coche mejor. Ha vuelto a ser intocable.
El otro Red Bull, pilotado por Isack Hadjar, estuvo muy lejos de Verstappen en las sesiones de clasificación en las que pudo participar antes de verse perjudicado por un problema mecánico. Y, pese a contar con un coche más rápido, ni siquiera los Ferrari de Lewis Hamilton y Charles Leclerc tuvieron la regularidad suficiente para imponerse al tetracampeón del mundo durante el fin de semana.
Esta resurrección ha llegado demasiado tarde para que Verstappen pueda protagonizar una remontada por el título como hizo en 2025, pero me sorprendería que no terminara segundo en la clasificación. Más allá de eso, viendo cómo está pilotando y cómo está evolucionando Red Bull, resulta difícil no considerarlo el gran favorito para la temporada 2027.
El desastre de Hamilton
La lucha de Verstappen por ganar la carrera en Singapur y terminar entre los dos primeros de la clasificación se vio muy facilitada el domingo por el día absolutamente desastroso de Lewis Hamilton.
Cuando conseguía hacerlo todo a la perfección, Hamilton tenía más ritmo que nadie durante el fin de semana. Aun así, se clasificó tercero y terminó sexto. Y aunque Ferrari le ha fallado en muchas ocasiones, esta vez solo él tiene la culpa.
Después de liderar las dos primeras sesiones de clasificación para la carrera principal, se quedó sin una de las poles más valiosas de la Fórmula 1 tras retocar la puesta a punto de su coche para el último intento y, en sus propias palabras, "se pasó de la raya".
Un día después, estaba pilotando bien y tenía opciones de arrebatarle la segunda posición a su compañero, Leclerc. Sin embargo, acabó con sus esperanzas de subir siquiera al podio al desoír las instrucciones de su equipo y no entrar en boxes durante el coche de seguridad virtual. Como todos salvo él podían prever, el desgaste de sus neumáticos le hizo perder muchísimo ritmo en las últimas vueltas y permitió que Leclerc, Antonelli y los McLaren lo adelantaran. Si hubiera entrado en boxes cuando se lo indicaron, habría terminado tercero como mínimo.
Desde que llegó a Ferrari, Hamilton ha tenido varias ocasiones en las que se ha beneficiado de elegir su propia estrategia en lugar de seguir la del equipo. El domingo, sin embargo, pareció que eso le había hecho perder la confianza en el criterio de Ferrari y confiar demasiado en el suyo. No parece precisamente la receta del éxito.
Después del Gran Premio de Malasia escribí que, en términos de capacidad pura, sigue siendo el rival más cercano a Verstappen en la parrilla, pero que ya no es lo bastante regular. En Singapur quedó claro.
Antonelli, imperturbable
La pérdida de Hamilton fue la ganancia de Antonelli, que el italiano aprovechó para colarse en el podio y quedarse a una carrera de proclamarse campeón del mundo de Fórmula 1.
En un momento del domingo, parecía que iba a venirse abajo por la enorme presión. Marchaba quinto y estaba a una advertencia de recibir una penalización de cinco segundos por superar los límites de la pista. Además, sufría tanto por el calor extremo que sacaba una mano del cockpit para intentar refrescarse y tenía problemas de frenos. Pero lo superó todo.
La forma en que aprovechó un error de Lando Norris para colocarse cuarto fue magistral. Después adelantó a Hamilton con mucha más facilidad de la que tuvo el vigente campeón y selló un puesto entre los tres primeros que parecía casi imposible a 15 vueltas del final.
Fue otra exhibición extraordinaria de serenidad por parte de un piloto que acaba de cumplir 20 años, lleva menos de dos temporadas en la parrilla de F1 y está disputando su primera lucha por el título. Aunque, en realidad, nunca ha permitido que llegara a ser una batalla demasiado igualada.
La próxima temporada probablemente afrontará uno de los mayores desafíos de la historia de la Fórmula 1: luchar por el Mundial contra Max Verstappen. Sin embargo, pese a su inexperiencia, ya parece preparado.
