El Valencia ya no atraviesa un simple bache. Su arranque de temporada se ha convertido en una crisis que afecta al juego, a los resultados y a la confianza de un vestuario incapaz de reaccionar. Cinco jornadas después, el equipo permanece en el último puesto con un solo punto, cuatro derrotas consecutivas, apenas un gol marcado y diez recibidos.
La caída por la mínima en el Ramón Sánchez-Pizjuán profundizó todas las dudas. El cuadro de Carlos Corberán mantuvo el orden durante algunos tramos, pero volvió a ofrecer muy poco con el balón y apenas encontró mecanismos para inquietar al Sevilla. Juan Iglesias resolvió el encuentro con un cabezazo en el minuto 81, mientras que un remate de David Otorbi contra el poste representó la ocasión más clara de los visitantes. El 1-0 confirmó otra actuación marcada por la falta de argumentos ofensivos.

Sin victorias ni fútbol
El resultado adquirió todavía más gravedad por llegar después del 0-5 encajado frente al Barcelona en Mestalla. Se esperaba una respuesta competitiva tras aquella goleada, pero el Valencia volvió a mostrarse vulnerable y sin capacidad para alterar el desarrollo del partido. Cambiaron el escenario y el rival, pero se mantuvieron la inseguridad defensiva, la escasa profundidad y la sensación de que cualquier golpe puede derrumbar al equipo.
Corberán tampoco ha conseguido construir una formación estable. Las incorporaciones tardías, los rendimientos desiguales y una extensa relación de lesionados lo han obligado a modificar constantemente el once. Solo Dimitrievski ha disputado todos los minutos y el entrenador no ha repetido alineación en las primeras jornadas, una inestabilidad que impide consolidar sociedades y automatismos.

La plantilla presenta alternativas, pero no transmite equilibrio. Hay futbolistas con talento y recorrido, aunque faltan certezas en puestos determinantes y varios refuerzos todavía deben adaptarse. Harvey Elliott llegó en el cierre del mercado, Arnau Martínez y Pablo Maffeo se incorporaron con la competición iniciada y hombres llamados a sostener al equipo aún no han ofrecido continuidad. El Valencia parece reunir piezas individuales antes que disponer de un bloque preparado para competir con regularidad.
Las lesiones tampoco conceden tregua. El crédito de Corberán se reduce con cada jornada, aunque la responsabilidad supera al banquillo. La dirección deportiva armó el plantel con retraso y no corrigió por completo unas carencias que ya se intuían durante una pretemporada irregular. El técnico debe encontrar soluciones inmediatas, pero trabaja sobre una estructura frágil y con escaso margen ante cualquier contratiempo.
El desplazamiento ante el Alavés aparece ahora como una prueba de supervivencia. El Valencia necesita ganar, pero sobre todo recuperar una identidad reconocible y demostrar que puede sostenerse cuando el partido se complica. La temporada apenas comienza, aunque la clasificación y las sensaciones ya han encendido todas las alarmas en Mestalla. La afición ha escuchado demasiadas promesas: después de la caída en Sevilla, solo aceptará una reacción sobre el césped.
