Mientras el resto de pilotos y escuderías con programas de ensayo para este viernes rodaban en el asfalto, Lance Stroll abandonaba el circuito antes de tiempo para marcharse a su casa a lamerse las malas sensaciones que le ha dejado el AMR26 desde el primer segundo que se subió al monoplaza.
En Aston Martin, viendo que no podían forzar el motor Honda, y que el coche, a saber por qué, era inconducible a todas luces, han optado por cortar las pruebas y evitar así males mayores.
Pedro de la Rosa, embajador del equipo, ha explicado que por la falta de piezas de repuesto para el motor, se han visto obligados a realizar otro tipo de programa para no comprometer aún más la estabilidad del monoplaza.
Pero eso no quita que la imagen haya sido desastrosa e impropia de una escudería con grandes recursos técnicos y humanos, como el mejor diseñador de las dos últimas décadas, Adrian Newey, y con uno de los mejores pilotos de la historia como Fernando Alonso.
Seis vueltas, sin marcar tiempos, es lo único que han podido hacer en el último día de ensayos previos al Gran Premio de Australia, el que abrirá la temporada 2026. Allí llegarán sin saber nada del nuevo coche, ni potencia ni fiabilidad ni reglajes ni aerodinámica... un debut a ciegas para un equipo que aspiraba a ganar carreras ya.
