Ha sido uno de los que más ha luchado y menos ha merecido la eliminación, Marco Palestra. Entró en la segunda parte con una Italia en inferioridad numérica. El lateral derecho del Cagliari, aunque pertenece a la Atalanta, trabajó y corrió con la entrega de un veterano.
Fue el único que realmente puso en apuros a los balcánicos con una de sus arrancadas, que pueden convertirle en una pieza importante en un futuro cercano. Junto a él, en Zenica también estuvo en el campo Pio Esposito, nacido en 2005, en el que la selección tendrá que apoyarse para volver a empezar.
También nacido en 2005, como los dos anteriores, Davide Bartesaghi aún no ha debutado oficialmente con la absoluta, pero su velocidad es la de un avión de combate. Ya ha explotado en liga con el Milan y está listo para volar por la banda izquierda azzurra, donde Federico Dimarco parece estar sufriendo y ya no tiene recambios, ahora que Leonardo Spinazzola está a punto de retirarse.

Las ganas de comerse el mundo de los veinteañeros deben contagiar a todo el movimiento de resurgimiento italiano. Y es precisamente gracias a ese motor explosivo que la Italia del futuro debe tomar impulso ya desde los primeros compromisos de la Nations League en septiembre. El fuego que arde en las bandas ayudará a liberar la energía de un juego que debe nacer en el centro del campo.
Inteligencia y destellos
En una zona clave donde en Zenica, y no solo allí, Locatelli y Barella han tenido dificultades, y con solo Tonali aguantando, hacen falta nuevas ideas y alternativas. Además de ese Fagioli que, con sus 25 años, puede tener una oportunidad inmediata, es imposible no pensar en Luca Lipani, otro jugador nacido en 2005 que con el Sassuolo está escalando posiciones en un centro del campo donde aprende de un maestro como Nemanja Matic.
Ha marcado en las dos últimas victorias por 4-0 de la Sub-21. El centrocampista neroverde tiene la inteligencia necesaria para dar velocidad al juego y también sumarse al ataque con sus llegadas. Pero si hay que buscar a alguien capaz de crear peligro de la nada, Samuele Inacio lleva en la sangre y en las piernas esa genialidad e imprevisibilidad que hace tiempo escasean en Italia. Hijo del ex jugador de la Atalanta y del Nápoles Inacio Pià, el joven de 18 años que hoy milita en el Borussia Dortmund viene de firmar una actuación brillante con la sub-19.
El gol que adelantó a los azzurri en el duelo que terminó 1-1 ante Turquía fue un compendio de clase, creatividad y velocidad de ejecución. Una muestra más de su capacidad innata para encontrar el destello en la zona de tres cuartos, donde los espacios son mínimos y solo triunfan los que tienen inventiva. En su caso, la herencia brasileña le da una naturalidad que le permite marcar diferencias en el cada vez más raro arte de desbordar al rival. Y de dejar boquiabiertos a los aficionados.
Defensa sólida
Compañero de Inacio en la cuenca del Ruhr, Luca Reggiani ya ha sido titular varias veces con los aurinegros, y su salto a la sub-21 podría ser cuestión de tiempo. Así reforzaría una zaga donde hoy destaca el capitán, ese Fabio Chiarodia, nacido en Alemania pero de sangre italiana, que cada vez suma más minutos con el Borussia Monchengladbach.
En el equipo de Silvio Baldini acaba de debutar Honest Ahanor, nacido en 2008 que solo tendrá como límite su fuerte carácter, pero que física y técnicamente ya parece un futbolista hecho. Como central zurdo en una defensa de tres o como lateral en una línea de cuatro, el jugador de la Atalanta tomará el relevo de Bartesaghi y puede ser un comodín fundamental para el futuro.

La tercera debacle consecutiva en el Mundial podría ser, paradójicamente, la excusa perfecta para empezar realmente desde abajo. Con más valentía e iniciativa. Y, sobre todo, apostando por chicos entusiastas que puedan formarse bajo una idea de fútbol más virtuosa y menos especulativa. Porque sí existen raíces verdes y prometedoras para que el movimiento vuelva a florecer. Habrá que ver quién se encarga de cuidarlas.
